Cuento corto de terror El juego de las sombras

By | 6 July, 2016


Era una tarde fría y lluviosa. La tormenta había sido tan fuerte que ninguna casa del pueblo contaba con energía eléctrica. Gustavo jugaba con su primo a las escondidas, pero pronto la luz natural era insuficiente para ver con claridad y pensó que debían cambiar de juego.

– ¿Por qué no jugamos a crear cuentos de terror inventados? Dijo Eustaquio.

– No, mejor ya se. Le voy a pedir a mi mamá que nos preste una vela, para jugar a las sombras. Replicó Gustavo.

Al cabo de unos minutos, el niño llego con la candelilla, la colocó frente a una gran pared y comenzó a formar figuras de animales con sus manos. El pequeño era muy diestro en este arte, pues su tío Humberto le había enseñado la manera de hacer más de 10 especies diferentes.

– Ahora te toca a ti Eustaquio. Mencionó Gustavo.

El niño utilizando su mano derecha hizo la clásica figura del conejito que mueve las orejas.

– ¡Ah, eso cualquiera lo puede hacer! Exclamó muy molesto Gustavo.

– No sé qué otra figura hacer. Mejor juguemos a otra cosa.

Nadie se dio cuenta pero pese a que el niño ya no estaba haciendo la figura del conejo, la sombra de este seguía apareciendo en la pared.

– Mira Eustaquio, tú conejo está creciendo.

– Pero yo no estoy haciendo nada, tengo mucho miedo.

El simpático conejito se transformó en una criatura grande y grotesca que de un rugido hizo que los dos pequeños quedarán paralizados del pavor que sentían. Luego de eso, la sombra abrió sus fauces y comenzó a aspirar con mucha fuerza.

Los niños no tenían de donde detenerse, con lo que terminaron siendo atraídos por la bestia. Después de que los engulló, la tétrica sombra desapareció y la de la vela se apagó.